Jarron Azul
Una Filosofia a Seguir
El
problema.
Hace muchos años apareció un librito (en inglés), con un título que significa aproximadamente el que se ve arriba y el cual enseña una gran lección.
Miles de hombres han admirado la anécdota y procurado seguir el ejemplo del héroe de ella cuyo lema es: “lo haré”.
Alden Rick, mejor conocido como señor Rick fue el fundador y con espíritu empresarial una importante empresa maderera y otra de vapores.
En teoría, ya se había retirado de la dirección activa del negocio, pero en realidad continuaba siendo su principal guía y consejero, rehusando, -como el mismo se expresaba-, a abandonar su actividad mental no obstante haber suspendido su actividad física.
Los ayudantes y administradores directivos del señor Rick, eran el señor Skinner, encargado del negocio de maderas, y Matt Pasley, quien dirigía el de vapores.
Ambos eran hombres competentes en quienes el Seño Rick tenía plena confianza, aunque a veces le entraba dudas de su buen criterio, especialmnte en lo que se refiere a juzgar la capacidad de otros.
El problema que estos tres personajes confrontaban, según principia la historia, era la situación que existía en su oficina de Shangai.
El empleado que habían enviado a hacerse cargo de ella estaba dando mal resultado, aunque esto no sorprendía al Señor Rick, porque en su opinión carecía de ciertas cualidades que consideraba esenciales.
-Skinner, ¿Tienes un candidato para el puesto?- preguntó el Señor Rick.
-Siento decirle que no, señor Rick; todos los empleados que tengo bajo mis órdenes son jóvenes… demasiado jóvenes para asumir esa responsabilidad.
-¿Qué quieres decir con “demasiado jóvenes”?, replicó.
-Bueno el único a quien yo consideraría competente para ocupar el cargo sería Andrius y apenas tiene unos treinta años.
-Treinta años, ¿eh?; pues si mal no recuerdo yo te empecé a pagar un sueldo de muchos dólares al año y a confiarte la responsabilidad de una gran inversión, cuando apenas tenias veintiocho.
-Es cierto, pero Andrius… bueno, no hemos puesto a prueba todavía su competencia.
-¡Skinner! –interrumpió el señor Rick en voz resonante- no alcanzo a comprender porque todavía no te he mandado a la calle.
¿Dices que todavía no hemos puesto a prueba la competencia de Andrius?.
¿Porqué tenemos aquí gente que no sabemos lo que puede hacer?… ¡Contestame!.
El mundo de hoy es el mundo de la juventud metete eso en la cabeza.
Dirigiéndose hacia el otro administrador continuó:
-Matt, ¿qué te parece Andrius para el puesto de Shangai?
-Lo creo capaz.
-¿Porqué?
-Poque lleva bastante tiempo con nosotros y por haber adquirido la experiencia necesaria.
-¿Crees, Matt, que también tenga el coraje necesario para asumir la responsabilidad?
Eso es lo més importante todavía que la tal experiencia que Skinner y tú consideran como lo más esencial.
-De eso nada puedo decirle a Usted, pero me parece que tiene energía e iniciativa, y personalmente es agradable.
-Bueno antes de mandarlo hay que convencernos de que tiene valor e iniciativa… de si las tendrá cuando tenga que tomar una decisión inmediata, diez mil kilómetros de distancia de sus jefes a quienes consultar y proceder acertadamente de acuerdo con su criterio. Eso es lo más importante Skinner.
-Tiene razón señor Rick, y creo que es Ud. quien debe hacer la prueba.
El próximo representante que mandemos a Shangai tendrá que se un luchador que no se dé por vencido. Ya hemos tenido allá tres que resultaron un fracaso, y de esos no queremos más.
Sin decir otra palabra, el señor Rick se hechó de espaldas en su sillón girtorio y cerró los ojos.
La
perseverancia.
Las circunstancias no permitieron dejar en paz al señor Rick en sus reflexiones por mucho tiempo. A los diez minutos el teléfono sonaba, y con no poco enfado, como si alguien le hubiera interrumpido un tranquilo sueño, tomó el receptor y gritó: ¡¿Quién es?!.
-Señor Rick –respondió la telefonista de las oficinas generales- está aquí un joven que se llama William Peck y desea verlo a Ud. personalmente.
El señor Rick suspiró como para reflexionar.
-Bien dígale que pase.
Un empleado condujo al visitante ante el presidente de la importante empresa maderera y de vapores. Al hallarse en su presencia saludó respetuosamente y dijo:
“Señor Rick, mi nombre es William Peck; agradezco a Ud. mucho la fineza de concederme una entravista”.
Mirándolo con semblante severo, el señor Rick le dijo que tomara asiento, señalándole una silla frente a su escritorio. Al acercarse Peck a la silla, el señor Rick notó que cojeaba un poco y que el brazo izquierdo lo tenía amputado hasta el codo.
-Bien señor Peck ¿qué desea Ud.?
-He a que me de Ud. trabajo –respondió Peck.
-Habla Ud. como si tuviera la seguridad.
-Ciertamente, señor Rick, yo sé que Ud no me lo negará.
-¿Porqué?
Peck, sonriendo en una forma que le simpatizó al señor Rick, contestó.
Soy agente vendedor, y sé que puedo vender cualquier cosa que tenga algún valor, porque lo he demostrado durante cinco años y quiero demostrárselo a Ud.
-Señor Peck –dijo el señor Rick sonriendo- de eso no tengo duda, pero digame ¿acaso sus defectos físicos no son un impedimento?
-No señor Rick, de ninguna manera; lo que me queda de cuerpo está sano, sobre todo mi cabeza, y me queda el brazo derecho. Puedo pensar y puedo escribir, y aunque cojeo, puedo ir tras de un pedido más aprisa y más lejos que la mayoria de los que tienen las dos piernas.
¿Estoy contratado señor Rick?
-No señor Peck, lo siento, Ud. sabrá que yo no tomo parte activa en la administración de este negocio desde hace diez años. Aquí simplemente tengo mi oficina para despachar mi correspondencia particular y atender asuntos personales.
A quien debe Ud. ver es al señor Skinner.
-Ya vi al señor Skinner –replicó rápidamente Peck- pero por el modo en que me habló parece que no le simpaticé.
Me dijo que actualmente no había suficiente negocio aun para ocupar el personal que tiene.
Yo le manifesté que estaba dispuesto a aceptar cualquier ocupación de oficinista para arriba. Puedo escribir a máquina bastante rápido con una mano; puedo llevar una contabilidad y hacer cualquier trabajo de oficina.
-¿No le dio ninguna esperanza?
-No señor.
-Entonces- le dijo el señor Rick en tono confidencial. Vaya a ver a mi yerno, el señor Pasley, que dirige los transportes marítimos de esta empresa.
-Ya hablé con el señor Pasley quien me trató con mucha amabilidad; me dijo que con todo gusto me daría un puesto pero que los negocios estaban tan malos que por ahora era imposible.
-Bueno amiguito, entonces ¿para qué viene a verme a mi?
(Sonriendo nuevamente, Peck respondió)
-Porque quiero trabajar aquí, en esta compañía. No me importa de qué, con tal que sea algo que pueda hacer.
Si me da trabajo que pueda hacer, será hecho mejor que nunca, y si no puedo hacerlo renunciaré voluntariamente para evitarle la molestia de despedirme. Tengo referencias de primera clase.
El señor Rick oprimió un botón en su escritorio; un momento después Skinner entraba, lanzando una mirada hostil hacia William Peck y luego otra, interrogativa, hacia el señor Rick.
-Oyeme Skinner- dijo el señor Rick en voz suave- he estado meditando el asunto de enviar a Andrius a la oficina de Shanghai y he llegado a la conclusión de que tenemos que arriesgar.
Esa oficina está ahora a cargo de un empleado menor y es preciso nombrar cuanto antes un gerente; así es que haremos esto: vamos a mandar a Andrius en el próximo vapor, haciéndole entender que asumirá el cargo temporalmente. Si vemos que no da resultado, le ordenamos que vuelva a ocupar su puesto actual, en el cual es bastante apto.
Entretanto, Skinner, te agradecería mucho que le dieras empleo a este joven… que le des una oportunidad de demostrar lo que puede hacer.
Hazme ese favor, Skinner… hazme ese favor.
Skinner bien sabía que un ruego del señor Rick equivalía a una orden, y Peck, comprendiéndolo, miró al administrador general con una sonrisa.
-Muy bien señor Rick- dijo Skinner con cierto despecho-.
¿Han quedado con el señor Peck el sueldo que ganará?
-Ese detalle te toca a ti- contestó el señor Rick-.
No es mi intención inmiscuirme en tus asuntos administrativos.
Naturalmente le habrás de pagar al señor Peck lo que valga y nada más.
Volviéndose hacia el triunfante Peck, lo amonestó diciéndole:
-Oiga, amiguito, no crea que porque he intercedido por Ud. ya tiene porvenir asegurado.
Su porvenir Ud. mismo tendrá que labrarlo y tiene que comenzar muy pronto.
La primera vez que meta la pata o no dé la medida en el trabajo que se le confíe, lo amonestarán, la segunda lo suspenderán por un mes para que reflexione, y la tercera quedará definitivamente fuera de esta organización. ¿Me explicado claramente?
-Si señor- contestó Peck sin vacilar- todo lo que yo pido es una plaza en el trabajo duro, y le aseguro que pronto me haré acreedor a la confianza del Señor Skinner.
(Dirigiéndose a Skinner)- Muchas gracias Señor Skinner, por haber consentido en darme una oportunidad; haré cuanto esté de mi parte para merecer su confianza-.
¨Este¨- dijo para sus adentros el Señor Rick- ¨ es buena pieza, por que tiene sesos; no me explico como Skinner no puede darse cuenta de ello.
Si este chico se sale un poco de la raya o si le brota en la cabeza alguna idea nueva que quiera poner en práctica, es casi seguro que firmará su sentencia de muerte. Con la cantidad de gente que hay en este mundo con el cerebro cerrado, él no podrá defenderse, pero por fortuna todavía estoy yo aquí.
El joven Peck, poniéndose de pié, preguntó: ¨¿Cuándo puedo empezar?¨
Skinner le contestó con cierta ironía: ¨ Cuando esté Usted listo ¨.
Peck miró rápidamente su reloj de pulsera… ¨ son las doce ¨- añadió- ¨ voy a almorzar y estaré aquí a la una de la tarde ¨ .
Skinner se retiró mordiéndose los labios.
Al cerrar la puerta, Peck levantó las cejas, y despidiéndose del Señor Rick le dijo: ¨Muchas gracias, Señor Rick, ha sido usted en extremo amable, pero parece que no voy a empezar bajo muy bueno auspicios¨, y tomando su sombrero se marchó.
Apenas había salido cuando el Señor Skinner entró de nuevo, mas, antes de poder abrir la boca, el Señor Rick le impuso silencio levantando un dedo y en voz cordial le dijo:
¨Ni una palabra Skinner, ya sé lo que me vas a decir y admito que tienes razón, pero óyeme hijo… ¿cómo era posible rechazar a un joven que tanto empeño tiene en trabajar y que no acepte un no como final?
A pesar de que encontró aquí muchos obstáculos para lograr su propósito, no se dio por vencido, ni se desanimó.
Tú luchaste contra él pero él te ganó, y vaya que tuvo que habérselas con expertos.
¿Qué trabajo le vas a dar?
-El de Andrius naturalmente.
-Ah, sí, había olvidado.
Dime, Skinner, ¿no tenemos disponibles como medio millón de pies cúbicos de abeto fétido?
(Skinner asintió, y el Señor Rick continuó con la avidez de quien acaba de hacer un descubierto revolucionario)… ¨Bueno, mándalo a vender esa madera apestosa y un par de furgones de pinabeta rojo o cualquiera otra de las maderas que casi nadie quiere ni regalada¨.
Skinner sonrió maliciosamente y dijo: ¨Está bien, pero si no vende le damos un pasaporte, ¿verdad?
Supongo que sí, aunque yo lo sentiría mucho.
Por el contrario, si tiene éxito le pagaremos el sueldo que gana Andrius.
Hay que ser justos, Skinner, justos en todo y con todos.
El Señor Rick se levantó y dándole una palmadita en el hombro al administrador general le dijo: ¨¿Skinner, dispénseme si me he precipitado un poco, pero te advierto que si le ponemos al abeto un precio demasiado alto para que Peck no pueda venderlo, te mando a ti a la calle. Sé justo, hijo, sé justo¨.
A las doce y media, cuando el señor Rick iba a almorzar, se encontró con Peck, quien iba cojeando por la acera.
Peck rápidamente sacó una tarjeta de presentación y se la enseñó diciendo: ¨¿Qué la parece esta tarjeta, señor Rick… no cree que se ve flamante?¨
El Señor Rick leyó en ella ¨Compañía Maderera Rick Maderas de todas clases y para todos usos, sin excepción. Representada por William Peck¨
El Señor Rick pasó el dedo curiosamente por las líneas impresas, y vio que estaban grabadas. Sabía que un grabado de imprenta no se hace en media hora, contestó:
¨Oye Peck, no me quieras tomar el pelo; dime la verdad, ¿Cuándo decidiste venir a trabajar con nosotros?
- Desde hace una semana.
- Peck, ¿acaso has llegado a vender alguna vez abeto fétido?
Peck se mostró bastante confundido, y dando una negativa con la cabeza, preguntó: ¨¿Qué clase de palo es esa?¨
- Abeto de California… es una madera áspera y muy pesada, despide un olor como de zorrillo cuando se corta.
Creo que Skinner te va a dar lo peor para empezar, y eso es lo peor.
- ¿Se puede clavar en ella Señor Rick?
- Ah claro.
- ¿Ha llegado alguien a venderla alguna vez?